Algunas consideraciones acerca de la idea de identidad, la patria y la Hispanidad.

Algunas consideraciones acerca de la idea de identidad, la patria y la Hispanidad.

Algunas consideraciones acerca de la idea de identidad, la patria y la Hispanidad.

Antes que nada, quiero aclarar una cuestión: no soy español, soy extranjero, inmigrante. Si, soy extranjero en la legalidad de la España actual. Soy un extranjero que trajo consigo a esta tierra una larga historia detrás y, curiosamente, esa historia es la de una cultura e identidad tri-milenaria, la historia de la Cultura Europea.

Si, parece contradictorio, pero no lo es e intentaré explicarlo. Llegué a España con un pasaporte italiano, como el de tantos otros italianos que emigraron a América, a la República Argentina. Allí nací y me crie, en lo que fue el antiguo Virreynato del Río de la Plata, en la Ciudad de la Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, hoy Buenos Aires, fundada un 11 de junio de 1580 por el muy probablemente vizcaíno Juan de Garay. Una hermosa ciudad capital Hispanoamericana que lleva aún hoy un antiguo escudo con un águila negra coronada, cuidando a cuatro pichones en su nido y junto a la cruz de Calatrava. Indudablemente, un blasón, un emblema que es toda una carta de identidad hispánica.
Y porque nací en Hispanoamérica, por esa identidad hispánica heredada, por ese legado de tierra e historia, esta también es mi Patria. Si, porque, aunque no posea un DNI emitido por el Ministerio del Interior en la cartera o un bonito pasaporte español, esta también es mi Patria. En realidad, siempre lo fue, aunque al principio no lo supiera ni lo sospechara. España es mi Patria, mi tierra, como lo es Hispanoamérica y toda Europa.

Me explico. Todos mis ancestros se remontan, hasta donde hay registro de ello, al sur de Italia, de la Calabria. Calabria, tierra de ítalos, griegos, romanos, bizantinos, normandos, franceses, aragoneses, españoles todos, fue también el Reino de las Dos Sicilias, que en definitiva hasta la unificación de la península itálica y la creación del Regno D’Italia en 1861, dejaron su huella. ¿Qué decir del Virreynato del Río de la Plata y la Argentina? Pues no cabe duda: Europa, España y la Hispanidad son mi Patria.
¿Hubiera sido posible hablar hoy aquí de España y la Hispanidad sin la herencia de la filosofía griega, la ley, el orden, la civilización de Roma y la Cristiandad nacida en Tierra Santa? Absolutamente, no. Soy y somos parte de un legado, de una historia, de una cultura y una tradición milenaria y en común.
He hablado de Patria, que palabra tan bonita, y que palabra tan menospreciada y degradada en la actualidad. A veces cuesta pronunciarla, asumirla y llamarse patriota cuando en realidad debería ser todo lo contrario, algo normal y natural.

La Patria es la tierra de los padres, la tierra de los ancestros, la tierra de origen. Un concepto que ya aparece con las civilizaciones tradicionales de la antigüedad y el mundo clásico. Es la transmisión de un legado, de un patrimonio cultural que pasa de padres a hijos. Es la Tradición con mayúsculas, lo que se entrega, lo que se traspasa de generación en generación. Es el arraigo y la identidad natural del Hombre, también con mayúsculas, es el conjunto de rasgos propios que caracterizan a un pueblo y que permanecen, que perduran.
España, Europa y la Hispanidad son nuestro origen y también nuestro destino y ello compone nuestra identidad y su misión civilizadora. Eso es lo que somos y lo que hoy, más que nunca, debemos defender.

De ahí tenemos la idea del patriotismo, un sentir surgido a partir de la fidelidad a la tierra y a los valores de la tradición que forjan esa identidad. Ese patriotismo encarna esos valores eternos de una comunidad, y que hoy se ha convertido en uno de los objetivos a destruir por parte de los poderes mundialistas y globalistas que pretenden convertir a los pueblos en consumidores sin historia ni memoria.

El patriotismo, en nuestro caso, es un patriotismo heredero de nuestra cultura hispánica. En la España contemporánea este es permanentemente cuestionado, atacado y denigrado no solo por nuestros enemigos seculares sino, lamentablemente, por otros españoles, que, aunque renieguen o crean no serlo, igualmente y a su pesar, lo son.
¿El motivo de ello? El mismo motivo que mueve al acoso y derribo que sufre la familia porque a través de la Historia vemos que de la familia nació la tribu, luego de ella, el clan, del clan, la ciudad, de la polis, la nacionalidad, de la nacionalidad el linaje, del linaje los reinos y de ellos el imperio. Y esto hoy no gusta porque no conviene a los poderosos de turno. Por ello pretenden borrar nuestra identidad, el saber quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde debemos ir juntos, unidos. Por eso los poderosos buscan una uniformidad de pensamiento global.
Nuestra Hispanidad es nuestra Cultura y Tradición, es un pacto entre generaciones forjado por la conciencia de un destino y con una misión metafísica. Una Cultura y una realidad espiritual transmitida, difundida, asimilada, aceptada y adoptada, a través del tiempo, por los más diversos pueblos y razas a lo largo del planeta. Ese es el concepto de Imperio con mayúsculas, esa fue la fuerza del Imperio Hispánico en la Historia.

Somos los herederos de una cultura que cambió literalmente el mundo. Herederos de los impulsores de una gesta única, inigualable e irrepetible en la historia y que ha sido llevar España y sus raíces a América. Herederos de aquellos que crearon una una nueva civilización con el valioso y valiente aporte de otros pueblos desconocidos hasta ese momento. Somos los herederos de esos audaces que pisaron por primera vez un Nuevo Mundo hace tan solo algo más de 500 años, y que unió por primera vez al mundo entero, de occidente a oriente y de norte a sur.
Lo mejor del mundo que hoy conocemos no sería concebible sin la tarea civilizatoria emprendida por España y sus hombres. Debemos sentir orgullo de ello y por eso estamos aquí, con humildad, pero con determinación ante una tarea absolutamente necesaria para preservar nuestros valores y principios.
Como escribió Tolkien una vez: “a las raíces profundas no llega la escarcha” las raíces de nuestra identidad, si son profundas, no se congelarán jamás. Esa es la tarea que desde aquí nos proponemos, cuidar esas raíces para que no mueran, crezcan, florezcan y den sus frutos.

No soy un nostálgico de un imperio perdido. No pretendo recuperar el pasado ni mucho menos, sino, lo contrario. Sí en cambio debemos mirar hacia el mundo futuro de nuestros hijos. Son tiempos difíciles y ante los problemas del presente es necesario encontrar respuestas en nuestro pasado. Allí están esperándonos. Y osar incorporarlas a las herramientas que disponemos hoy mirando al futuro.

Debemos apostar por una síntesis entre la tradición ancestral y la modernidad. Conquistar el futuro volviendo a los orígenes. Creo que allí se encuentra la clave que nos permitirá continuar nuestro legado. Estamos viviendo un “interregnum”, entre la caída de un sistema y el surgimiento de un nuevo universo, como el gran Giorgio Locchi observó una vez.  Hoy vivimos en un mundo que se acaba y otro que no comienza, como dice el también compatriota italiano Marcello Veneziani.
No, no soy español, pero sí soy hispano, hispanoamericano y curiosamente de sangre italiana y eso también es la Hispanidad.  Esta es mi patria, donde tengo enterrados a mis muertos. Si bien no tengo a mis ancestros enterrados en esta bendita tierra que es España, sí los tengo en Europa y en América, en la que una vez fue parte del glorioso Reino Español.
Hoy, gracias a Dios, tengo aquí una familia española. Una familia que ojalá, algún día mis descendientes puedan decir que España es la patria de sus padres, y donde tienen enterrados a sus muertos, a sus ancestros, y que yo sea el primero de todos ellos.

José Papparelli

José Papparelli

Nació en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. De origen y cultura italiana, lleva en su corazón a España, su patria de adopción, donde vive y formó su familia. Con estudios en Periodismo, Ciencias de la Comunicación y Gestión Cultural desempeñó su actividad profesional en medios gráficos especializados como ROCK BYN, LA MAGA y CERDOS & PECES. Ha sido Coordinador del Centro Cultural Fortunato Lacámera de San Telmo, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires; guionista y realizador para el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires; productor y conductor de radio en distintas FM y TV locales de Buenos Aires además de editor de distintas publicaciones desde el año 1981. En la actualidad escribe en la revista CINEFICCION (Argentina-España). Amante de la música, la cultura popular y el cine, conjuga su tiempo con los viajes, su pasión por la Historia, los Mitos y el Realismo Fantástico. Director de Comunicación

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