La derrota de la invasión anglo-portuguesa en el Río de la Plata y Pedro de Cevallos

La derrota de la invasión anglo-portuguesa en el Río de la Plata y Pedro de Cevallos

En tiempos convulsos donde Europa se encuentra en una encrucijada con su destino, el Reino Unido de Gran Bretaña abandona la Unión Europea. En una comunidad política en crisis, que aplica políticas lesivas contra su identidad, fomenta la inmigración descontrolada, menoscaba la soberanía nacional de sus miembros, con una burocracia abandonada al mundialismo y que pierde inexorablemente protagonismo internacional, poco futuro tiene por delante un proyecto semejante.

El Reino Unido se marcha de la UE pero deja una colonia en territorio peninsular español: Gibraltar. Las relaciones históricas entre la Corona Española y Británica siempre han sido conflictivas, ya sea por disputas de poderes territoriales, dinásticos, económicos e incluso de corte espiritual que determinaron un modo de ser y una visión del mundo diferenciada.

España se queda; se “disuelve” cada vez más en esa UE que es cada día menos europea y mucho menos reclama por su soberanía arrebatada. Gibraltar es una humillación anacrónica intolerable, pero ahí sigue como un símbolo ofensivo al espíritu hispánico. La “agenda” impone otros asuntos.

Pero no siempre fue así, lo sabemos. España ha plantado cara y muy dignamente a través de los siglos al poder británico. Hoy, ante esta nueva situación política e histórica, hace falta, más que nunca, esa determinación y firmeza tan nuestra para recuperar lo sustraído. Ejemplos de ello abundan, pero curiosamente hechos históricos donde estos dos elementos primaron ante el secular enemigo han sido olvidados o intencionalmente ocultados. Hoy daremos una mirada a un acontecimiento importante, no solo para España sino para toda la Hispanidad, como la invasión anglo-portuguesa al Río de la Plata, su derrota y al protagonista de la victoria, don Pedro de Cevallos.

Antecedentes y marco

En 1756 estalló La guerra de los Siete Años. Dos bandos en disputa, uno liderado por Gran Bretaña junto a Prusia, Portugal y algunos pequeños principados y condados europeos; el otro por Francia, Austria, España, Suecia, Rusia (que en 1762 cambia de bando) y otros pequeños reinos aliados. Las alianzas y el mapa que hoy llamaríamos geopolítico fueron volubles y complejas en un conflicto que se disputó en Europa, América, la costa occidental de África, la India y las Filipinas.

España, unida por los lazos familiares borbónicos, tomó partido por los franceses desde 1761 mediante el «Pacto de Familia». Objetivamente, Gran Bretaña había aumentado los agravios hacia España poniendo en peligro el comercio y la seguridad española en América. Si Francia salía derrotada por los ingleses en América del norte, España quedaría también en una situación desfavorable. Todo ello llevó a Carlos III tomar parte del asunto. En este marco se desarrollaron los acontecimientos sucedidos en el Río de la Plata.

La conflictividad de Colonia del Sacramento

En 1680 el Gobernador de Río de Janeiro, el portugués Manuel Lobo, encomendado por el Príncipe Pedro II de Portugal, creó un bastión de penetración en la costa del Río de la Plata fundando Colonia del Sacramento. A partir de entonces las disputas territoriales entre Portugal y España por el dominio de la región fueron constantes en un sitio estratégico, ya que desde el Río de la Plata se ejercía control sobre las entradas a los Ríos Uruguay y Paraná. El contrabando realizado desde allí por los ingleses y portugueses, aliados comerciales y políticos desde 1703, además de holandeses y franceses con una Buenos Aires que por entonces formaba parte del Virreinato del Perú, determinó el rumbo de los acontecimientos por venir.

La Corona Española dispuso desde un primer momento una expedición para expulsar a los portugueses de la Colonia de Sacramento. El cambio de mano a partir de entonces fue una constante y el 7 de agosto de 1680 la plaza fue tomada. En 1683 fue restituida a los portugueses por acciones diplomáticas. En 1705 fue recuperada, pero volvió a ser devuelta en 1716 luego de la Paz de Utrech. En 1735 Colonia fue sitiada hasta 1737. La plaza siempre fue un problema para la Corona de España.

Pedro de Cevallos, el Héroe del Plata

En 1761, ya en guerra con Inglaterra y Portugal, el gobernador del Río de la Plata, Pedro de Cevallos entra en escena. Militar aguerrido y hombre inteligente, leal a la Corona de España, participó en la campaña en Italia, como parte de la Guerra de Sucesión Polaca. Acompaño al infante Carlos en Nápoles, y marchó como teniente hacia el norte de Italia. Ya como coronel luchó en la Guerra de Sucesión Austriaca, participó de la toma de Niza y obtuvo el grado de brigadier. Su carrera militar fue en ascenso luchando en la conquista del Ducado de Parma y Milán. Un hombre valiente y cabal, fiel a España donde ella necesitase de los servicios de sus mejores hombres.

Cevallos, Gobernador del Río de la Plata, en 1761 a las órdenes de Carlos III, exigió al virrey del Brasil la entrega de Colonia y de la isla Martín García. Previendo la guerra fortificó el puerto de Ensenada en la costa occidental del Río de la Plata, y aprovisionó las guarniciones de Montevideo y Buenos Aires. Ante la negativa y la situación de guerra, inició el ataque a los dominios portugueses. El Tratado de Permuta, firmado con Portugal en 1750 para delimitar las fronteras de los reinos, había quedado de hecho sin efecto. En el mismo se contemplaba el cambio de la Colonia del Sacramento por las Misiones Orientales, es decir los siete pueblos de guaraníes que quedaban al este del río Uruguay.

El Gobernador sitió Colonia del Sacramento, tomándola el 29 de octubre ocupando también Maldonado. Gran Bretaña y Portugal organizaron una flota combinada, que fue costeada por la Compañía Británica de las Indias Orientales, y la enviaron al Río de la Plata con la intención de apoderarse de ambas márgenes del estuario. La Banda Oriental quedaría en poder de Portugal y la Banda Occidental, incluyendo Buenos Aires, quedaría en manos de Gran Bretaña, un viejo plan de invasión se había puesto en marcha finalmente. El contexto de la Guerra de los Siete Años fue ideal para lograr esas pretensiones de expolio, saqueo y cambio de manos de las ricas tierras sudamericanas.

La Corona Británica pone en marcha su maquinaria. El Inglés John Mac Namara fue el jefe de la expedición, al mando del moderno navío, el Lord Clive. Una poderosa flota zarpó de Inglaterra en julio de 1762, poniendo rumbo hacia el Sur. Desde Lisboa el gobierno portugués envió a Río de Janeiro una carta para su gobernador Gomes Freire de Andrade ordenando que “asistiera a los ingleses en cuanto necesitaran”. La Alianza entre Inglaterra y Portugal una vez más estaba en marcha cumpliéndose la orden a rajatabla.

Las fuerzas conjuntas arribaron frente Maldonado a principios de diciembre de 1762 y allí se enteraron de la perdida de Colonia. Se dirigieron hacia a Montevideo e intentaron atacar Buenos Aires ya que allí se encontraban los caudales que serían enviados hacia España. Una serie de errores y los bancos de arena lo impidieron e intentaron el ataque a la plaza de Montevideo, pero debido también al calado de las naves decidieron dirigirse a Colonia y atacarla.

Mac Namara encabezó el ataque con la Lord Clive. La nave se incendió por una “bala roja”, una bala de hierro al rojo vivo. La tripulación pereció quemada o ahogada, Mac Namara entre ellos. Solo sobrevivieron alrededor de 80 hombres de los más de 350 que la integraban. El resto de la flota enemiga, seriamente dañada finalmente se retira. La Victoria era española y llevaba una vez más el nombre de Pedro de Cevallos.

Pero en febrero se firmó el Tratado de París en 1763, por lo que Cevallos se vio obligado a devolver Colonia a los portugueses. La entrega de Colonia a Portugal tuvo lugar el 27 de diciembre de ese año tomando las suficientes precauciones para que no vuelva a ser una amenaza extranjera en un punto estratégico para la Corona.

Don Pedro de Cevallos regresó a España, pero el destino lo llevó nuevamente hacia la Tierra del Plata convirtiéndose en 1776 en el primer Virrey del nuevo Virreinato del Río de la Plata. El territorio estaba formado por las gobernaciones de Buenos Aires, el Tucumán, el Paraguay, la Real Audiencia de Charcas y el Corregimiento de Cuyo, todos hasta entonces parte del Virreinato del Perú.

En 1778 regresa a la península gravemente enfermo de paludismo, enfermedad contraída años antes cuando batalló en la zona tropical en disputa con los portugueses al sur del hoy Brasil. No llegó a Madrid, falleció en Córdoba el día 26 de diciembre de 1778 en el convento de San Jacinto de los padres Capuchinos. Sus restos descansan en la Capilla de Villaviciosa de la Catedral de Córdoba.

Historia y nuevos desafíos

España vs. Inglaterra. La lista de disputas y enfrentamientos en el campo de batalla, de las ideas y de la diplomacia es enorme. Se pudo con ellos y con otros, una y otra vez, hemos salido victoriosos la mayoría de veces, otras no, pero siempre con grandeza y altura. Eso sí, en lo que hoy frívolamente se llama “el relato”, lamentablemente no. Y lamentablemente muchos españoles y sus descendientes lo aceptan o ignoran la verdad. En ese campo hay que dar la batalla de las Ideas, ahí es donde hay poner el esfuerzo para volver a retomar el camino perdido.

Esta historia y estos héroes que compartimos españoles, argentinos, uruguayos, peruanos y toda la Hispanidad nos sirven de ejemplo para enfrentar estos tiempos de desunión y falta de valores desde otra perspectiva. Es falso que lo que mueve a los hombres y el mundo sea solo el interés económico y este episodio es una muestra de ello. Una sociedad que tiene claro su origen, tradición y destino, inspirado por la idea de trascendencia, es fuerte y prácticamente invencible. Aún es posible volver a plantar cara a la ignominia si recuperamos esa determinación y coraje para defender lo nuestro.

Hoy la situación es la que es, y a partir de ver y aceptar el desafío, poco a poco podremos reconstruir y restaurar esos principios que definieron nuestra identidad, la identidad Hispánica. Solo con esa fuerza recuperada podremos hacer frente a los peligros venideros de este tiempo.

Como lo hizo don Pedro de Cevallos y sus aguerridos hombres en las lejanas tierras el Río de la Plata, tan cercanas en nuestro corazón y espíritu hispánico.

 

José Papparelli

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