Los arcabuceros de Medina del Campo y la defensa de Viena

Los arcabuceros de Medina del Campo y la defensa de Viena

Los arcabuceros de Medina del Campo y la defensa de Viena

Tengo el gran privilegio de abrir este Blog de artículos de opinión, el cual, tendrá por objetivo el ayudar a difundir la esencia de nuestra asociación que no es otro que la defensa rigurosa e histórica de la Hispanidad como concepto universal y su indudable madre, la cual fue sin equivoco alguno La Reconquista.

El objetivo de Victorial Hispánico va mucho más allá de las palabras y de la política nostálgica, nuestra asociación es de necesidad dado el momento actual en el que con más vehemencia y mayor violencia se ataca a todo lo que huela a España y por tanto a Hispanidad, ya sea desde dentro o fuera de nuestras fronteras. Por esto, es de recibo, entre las personas de bien asumir la responsabilidad de la defensa de nuestros valores, tradiciones e historia, en contra de la corriente calumniadora dominante.

Los valores morales del pasado se ignoran, no por estar en desacuerdo con ellos, no por razón alguna, tan solo porque ya no importa, nada importa.

Dicen que:

No hay tierra en el mundo que no contenga una tumba española.

Y está gran verdad encierra una profunda responsabilidad por nuestra parte. Nos avisa del deber que tenemos de recordar y velar por el buen nombre de tan incontables valientes héroes, desconocidos a lo largo de cientos de años de épicas gestas sin igual y es aquí donde hago un inciso para hablar del tema escogido, unos de los incontables héroes anónimos de nuestra historia, los de Medina del Campo y su gesta en la ciudad de Viena.

Sin duda, el siglo XVI fue un siglo de luchas, donde el Imperio, el español sin dudas, la potencia dominante tenía enemigos en el norte, el sur, el este y el oeste y estos nunca descansaban en su incesante empeño por destruirnos, pero de entre aquellos incontables momentos hubo tres quizás, que fueron los más llamativos del siglo; Pavía, Viena y Lepanto.

De Viena, como de muchos otros sitios campales han corrido ríos de tinta. Uno de los ejes principales de la casa de los Habsburgo y la puerta oriental de Europa, en definitiva si Viena caía ante el Turco, la historia de Europa hubiera sido bien distinta a la que conocemos.

Aquellos turcos, señores de los Balcanes, habían derrotado a los húngaros en la batalla de Mohács, haciendo hincar la rodilla a los temibles magiares, muerto su rey Luis II, la corona de aquella tierra quedaba en herencia de un joven Habsburgo, ni más de menos que un alcalaíno, pues nacido en Alcalá de Henares era  el zagal y para más señas archiduque y hermano menor de nuestro emperador Carlos I, el joven Don Fernando y era sobre la cabeza del joven y nuevo monarca sobre la que corría la responsabilidad de la defensa de Viena y con ella, la de toda Europa.

El enemigo era cruel y poderoso, el Imperio Otomano se extendía desde Argelia hasta el Golfo Pérsico y más al oriente hasta el Mar Negro y mirando Europa, ahora, hacía Hungría. Mirando el Turco ya próximo por tierra al Danubio y por mar al puerto de Ostia y a la propia Roma desde el Mediterraneo. Cuando en el verano de 1529 los ejércitos del poderoso Soleimán, sumando más de 150.000 efectivos se aproximaban a las puertas de Viena comandados por su sultán en persona, no encontraron otra defensa que 20.000 valientes tras aquellos muros de los cuales 700 eran arcabuceros españoles, ¿De donde? Pues efectivamente de Medina del Campo, provincia de Valladolid. Los cuales a su vez, eran la guardia personal del propio Fernando y los que pusieron a los Austriacos siete años antes, «Mirando a Cuenca», vaya por delante el refrán, cuando estos trataron de impedir la entrada en la ciudad del archiduque, pero esa es otra historia…

Volvamos a Medina y a esos valientes arcabuceros sometidos a las inclemencias austriacas, ¿Qué hacían ahí? pues que iban a hacer, venían a limpiar sus pecados y los de su villa, pues años antes, esta participó de forma activa en la insurrección comunera y solo con sangre, se limpiaban aquellos pecados ante el rey, para recuperar su favor y la pujanza económica que una vez tuvo la villa. Por tanto, los hijos de Medina se enrolaron en los Tercios y siguieron a su archiduque hasta el norte de Europa en pos de su defensa y las cimitarras del Turco.

Allí iban el capitán Luis de Ávalos, Juan Salinas maestre de campo, Melchor de Villarejo, Juan de Manrique, Diego de Serava, Jaime García y muchos otros… hasta 700 valientes.

Allí en aquellas murallas pétreas frías y grises, ante el mayor ejercito congregado hasta la fecha en la rivera del Danubio y en una proporción de uno a siete y a las ordenes del veterano borgoñes Nicolás de Salm de ellos y del total de veinte mil defensores transformaron la ciudad en una fortaleza inexpugnable, creando una muralla interior y barriendo el exterior, mientras se aprovisionaban para un largo asedio.  Y allí en la muralla sur, el punto más peligroso de la ciudad donde se esperaba la mayor embestida turca situaron a los de Medina, mientras con los cadáveres se reforzaba la muralla como argamasa y las lluvias torrenciales hacían acto de presencia para desgracia del Turco, pues esto inutilizaba su poderosa artillería.

Los de Medina disparaban bajo techo y así no se les humedecían las mechas, mientras embestida tras embestida, día tras día, Viena resistía socavando cada día un poco más la moral del invasor.

Ni las minas turcas, ni sus riadas de esclavos contra los muros pudieron contra el arrojo de los de Medina, hasta el momento incluso que el propio Nicolás Salm cayó muerto, la acometida continuaba y los de Medina seguían al pie de su posición sin abandonarla y luchando por su archiduque y su emperador.

El décimo tercer día de Octubre los turcos deciden replegarse, y no contentos los de Medina, salieron al encuentro de los jenízaros de Soleimán y les empezaron a dar caza usando técnicas guerrilleras, así eran nuestros tercios, así eran los castellanos de Medina. Más de veinte mil jenízaros cayeron en el sitio de Viena, bajo la lluvia, el barro y el fuego de los arcabuces de los Tercios Imperiales. No sería la última vez que el turco lo intentara en Viena, pero desde luego fue un antes y un después que hizo a uno de los hombre más poderosos de su época retroceder con el rabo entre las piernas y volver hasta Constantinopla, justo por donde había venido.

No sé si eres de Medina, de Barcelona, de Vizcaya, de Colombia o de México, pero tus apellidos te dirán si eres un hijo de la Hispanidad y no está de menos que sientas orgullo por estos tus hermanos que desde el pasado te hablan y te imploran que no los olvides y que tengas en respeto su gesta y quizás un Padre Nuestro en su memoria, pues todos somos hijos de aquel fabuloso Imperio, inmortal y de legado eterno, hijos todos de la Hispanidad.

Bienvenidos a Victorial Hispánico.

Sergio Tapia
Sergio Tapia

Product Owner & Proyect Manager; Especialista en informática de Gestión ET y Experto en Seguridad por la UCA. Novelista con más de veinte títulos publicados y aficionado a la historia. Presidente de Victorial Hispánico.

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