¿Qué somos y que pretendemos ser como asociación?

¿Qué somos y que pretendemos ser como asociación?

¿Qué somos y que pretendemos ser como asociación?

¿Qué somos y qué pretendemos ser como asociación? ¿Qué decimos en nuestra web acerca de ello? “Victorial Hispánico es una asociación cultural sin ánimo de lucro, legalmente registrada en el Ministerio del Interior de España, cuya finalidad es:

“La preservación del patrimonio cultural e histórico, la tradición y los principios que unen a España con las naciones hispanoamericanas y la hermandad de todos los países con lazos históricos y de amistad con los cuales compartimos cultura, promoviendo la defensa, el estudio y la difusión de los hechos y personajes de la Hispanidad que constituyen y forman la identidad hispánica.
La asociación pretende difundir y defender la Hispanidad y el periodo de la Reconquista como un concepto universal y de hermanamiento entre los diferentes pueblos y culturas del mundo, presentando una defensa de sus valores tradicionales y culturales universales tanto en Internet como en las instituciones y entre las personas.”
Como veis, hablamos de patrimonio, tradición, valores e hispanidad conceptos a tener en cuenta y definir con claridad.
Cuando hablamos de patrimonio, hablamos de propiedad, material, tangible e intangible heredada, transmitida de generación en generación. Veréis que tradición y patrimonio se encuentran directamente relacionados ya que la tradición es un valor inmaterial también transmitido generacionalmente a través de la historia, el legado cultural conservado y dado, perdurable y directamente relacionado con el concepto de identidad individual y comunitaria.

Hablamos por lo tanto de valores “conservadores”, que no son valores ni políticos ni ideológicos estrictamente hablando y que no significan ser estáticos e inamovibles, sino principios perennes cuidados, mantenidos, conservados y transmitidos, justamente lo contrario.
¿Dónde encaja la Hispanidad en todo esto? La Hispanidad es un patrimonio compartido por distintos pueblos con un mismo origen histórico, social y cultural. El término tal como hoy lo conocemos y reivindicamos surge a partir del aporte doctrinal del P. Zacarías de Vizcarra a mediados de la década del 20 del siglo pasado y fundamentalmente del escritor Ramiro de Maeztu a principios de los 30 con sus trabajos en prensa y su libro “Defensa de la Hispanidad”.

La Hispanidad, según estos principios primigenios, tiene tres pilares: la raza como la raza hispana de “tipo moral”, no fisiológica ni racista; la religión cristiana católica y su legado cultural, y la lengua como conceptos indisolubles en su definición. No hay Hispanidad sin estos tres elementos constitutivos.
Cuando hoy hablamos de Hispanidad debemos tener presente que este concepto es reciente en términos históricos con apenas un siglo de existencia, pero esto no quiere decir que no tenga raíces profundas ni mucho menos, ya que con un uso y una semántica diferente aparece en textos del 1500 y se mantuvo olvidado hasta el s. XX. Por supuesto, debemos recordad que los principios que sustentan su definición actual se remontan desde el origen mismo de la cultura ibérica prerromana y que se fue moldeando a través de los siglos junto al desarrollo de Europa y la cristiandad heredera de Roma.

“Todas las naciones hispánicas han heredado un patrimonio común, transmitido por antepasados comunes, aunque luego cada una de ellas haya aumentado su herencia con nuevos bienes y nuevas glorias, que constituyen el patrimonio intangible y soberano de cada una de ellas. Pero, así como en las varias familias procedentes de un tronco ilustre la existencia de distintos patrimonios privados no impide el amor y culto de las glorias que abrillantan la común prosapia, así también en las naciones, sin menoscabo de las glorias privativas de cada una, cabe el amor y culto del patrimonio común, sobre todo cuando es necesaria la colaboración de todos los herederos para conservarlo y defenderlo.”

Este párrafo es del P. Vizcarra, impulsor del término Hispanidad en 1921.

«Si ahora vuelven algunos espíritus alertas los ojos hacia la España del siglo XVI es porque creyó en la verdad objetiva y en la verdad moral. Creyó que lo bueno debe ser bueno para todos, y que hay un derecho común a todo el mundo, porque el favorito de sus dogmas era la unidad del género humano y la igualdad esencial de los hombres, fundada en su posibilidad de salvación. En los siglos XVIII y XIX han prevalecido las creencias opuestas. Por negación de la verdad objetiva se ha sostenido que los hombres no podían entenderse. En este supuesto de una Babel universal se ha fundamentado la libertad para todas las doctrinas y, así postulada la incomprensión de todos, ha sido necesario concebir el derecho como el mandato de la voluntad más fuerte o de la mayoría de las voluntades, y no como el dictado de la razón ordenada al bien común.
Ello ha conducido al mundo a donde tenía que llevarle: a la guerra de todos contra todos. En lo interno, a la guerra de clases; en lo exterior, a la guerra universal, seguida de la rivalidad de los armamentos, que es la continuación de la guerra pasada y la preparación de la venidera. Y como la España del siglo XVI, frente a este caos, representaba, con su Monarquía católica, el principio de unidad –la unidad de la Cristiandad, la unidad del género humano, la unidad de los principios fundamentales del derecho natural y del derecho de gentes y aun la unidad física del mundo y la de la civilización frente a la barbarie–, los ojos angustiados por la actual incoherencia de los pueblos tienen que volverse a la epopeya hispánica y a los principios de la Hispanidad, por razones análogas a las que movieron a la Iglesia durante la Edad Media, a resucitar, en lo posible, el Imperio romano»

Este párrafo es de Ramiro de Maeztu de un artículo de la revista Acción Española de 1931.

“Da gusto ver la naturalidad con que se desenvuelven bajo la pluma del autor los conceptos religiosos junto a los patrióticos. Y esta naturalidad se nos antoja preñada de alegría. La alegría sin orgullo del que siente el privilegio de ser un católico español, ¡ah!, y esto no es poco. Significa reconocer la ausencia de conflictos entre la naturaleza y la sobre naturaleza, entre el tiempo y la eternidad, entre este mundo y el otro. Por el camino de la historia de España se llega al cielo. Se unieron la Iglesia y España, y nació nuestro arte, y nuestra literatura, y nuestra ciencia. Nació nuestro valor ante Dios y ante el mundo. Lo que somos y lo que hemos dado. Y esta alegría no pueden sentirla los católicos de otros países cuando piensan en su historia, llena de conflictos entre la Iglesia y el siglo. Esto es lo que hace que el nacionalismo no sea, desde el punto de vista católico, una doctrina de validez universal, esto es, científica. Porque no todas las naciones poseen en su historia las características de la nuestra. Un inglés católico, por ejemplo, al tener que enfrentarse con los últimos siglos de su patria, y, por tanto, con la Reforma y el Cisma, no podrá exaltar, como afecto a la Iglesia, esa actitud hostil de su patria para con ella; no podrá, en suma, adscribirse a un nacionalismo inglés. Un católico español, en cambio, puede, para consigo, hablar de nacionalismo. Pero subrayo el para consigo, pues en cuanto pretenda dar validez universal a su doctrina topará forzosamente con la anti catolicidad de otras naciones. Y lo malo es que a veces, desde su sano patriotismo, hay españoles que hacen esta generalización y se entusiasman con movimientos nacionalistas de otros países; creen que su propio privilegio, el de su agraciada historia, le poseen también las otras naciones, y yerran totalmente al sumarse con el pensamiento a tales movimientos, esto es, al imitarlos. Y es que en el fondo esos españoles ignoran el credo de su propia patria, que siempre ha enseñado a salvar el destino universal de todos los hombres antes que el nacional de unos cuantos, porque sólo en función de aquél tiene sentido éste, y no a la inversa.
Esto es lo que creyó la Hispanidad, y lo que da a este libro que la descubre y refleja su carácter mejor, su cristianismo. Cuando en el Preludio cita Maeztu el verso de Ovidio «Impetus ille sacer qui vatum pectora nutrit» adivinamos que, en ese ímpetu sagrado, que es la corriente histórica de que han de alimentarse los pueblos, simbolizaba Maeztu, puestos los ojos en nuestra epopeya católica, un ímpetu más alto aún, y que es el del Espíritu Santo.”

Esto último es de Leopoldo Eulogio Palacios refiriéndose al trabajo de Maeztu en 1931.

Cuando estos autores, padres del concepto actual de Hispanidad, hablan de Iglesia, Cristiandad y catolicismo hablan Humanidad y Cristiandad como pilares y sinónimo de Hispanidad en cuanto a valores y fundamentos de identidad. Ellos sí eran confesionales, pero sus principios los exceden y van hoy más allá.
Se puede ser aconfesional, no católico, pero no rechazar el aporte fundamental y pilar de la Religión en la constitución de la identidad hispana e hispánica. La Reconquista, el Descubrimiento y Conquista, la expansión del Imperio en el mundo, el Siglo de Oro y la derrota del Imperio Otomano están ahí como ejemplo.
Según lo expuesto no todo y en todo tiempo y lugar en Hispanidad, pero sí podemos hablar de España sin Hispanidad, pero no de Hispanidad sin España.
Una aclaración respecto al término de Raza. Este siempre ha sido no biológico y empleado por esa corriente a principios del XX como sinónimo de “espíritu hispánico”, de un modo de ser. Por la expansión del concepto raza como término racista finalmente se deja de emplear paulatinamente y por ejemplo de ello se cambió la celebración del 12 de octubre del Día de la Raza por Día de la Hispanidad y luego en los 80 esta como Fiesta Nacional vaciándose de contenido.

Como vemos el concepto es más doctrinal y filosófico que político, por eso la Hispanidad no debe estar restringido dentro de la idea de un pasado idealizado de conquista imperiales o de victorias militares de los Tercios, por ejemplo, ni a una exaltación nostálgica triunfalista de un nacionalismo españolista vacío. La Hispanidad va mucho más allá de todo ello y en esa dirección debemos apuntar.

Son tiempos oscuros donde la guerra cultural ya está desatada y VH debe dar batalla sin prejuicios ni complejos porque nuestro campo es justamente ese, el cultural y en ello no se puede ser neutral porque cuando la libertad está en peligro no hay nada más apremiante que su defensa.
Por eso en VH hoy decimos que estamos “Defendiendo contra la tergiversación histórica de lo políticamente correcto… Educando y fomentando la cultura y el conocimiento histórico veraz y no manipulado por políticos oportunistas”. Seguiremos trabajando en esta línea en defensa de la hispanidad.

Victorial Hispanico
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